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¿Dónde Estamos?


Fausto Fernández Ponte




I

Sucedidos asaz interesantes, innovadores e inclusive de progreso real ocurren en la América indo, afro e ibérica y, en México, el poder establecido y las potestades que son y están no los han advertido.


Las razones de esa indiferencia son obvias. Los poderes formales y fácticos en México están subordinados al poder real, el de los grandes consorcios trasnacionales abrumadoramente estadunidenses.


Así obsérvase. El antiguo anhelo de la anfictionía está siendo nutrido por los imperativos prácticos de la geopolítica y la realpolitik. Adviértese un fortalecimiento del ideal anfictiónico.


Y ello deviene en cultura. Una cultura de la unidad y, por tanto, integradora. Los Estados Americanos --los de la América Nuestra-- han renovado su vocación de reconocer a la Patria Grande.


Luiz Inácio Lula da Silva, el Presidente del Brasil, propuso el viernes pasado. la integración consensuada de los bloques económicos existente en la América Nuestra. Conformar uno solo. Unico.

Subráyese que esos bloques regionales son principalmente el Mercado Común del Sur (o Mercosur) y la Comunidad Andina de Naciones, a la que el Estado mexicano ha sido invitado.




Trataríase, preconiza el Presidente Lula, de diseñar y aplicar "soluciones consensuadas en paralelo" hacia una Comunidad Suramericana de Naciones. No más patio trasero de EU.


II


El Estado mexicano y, desde luedo, el Gobierno que lo representa --presidido por Felipe Calderón-- no han exhibido hasta ahora un interés en esos sucedidos, más allá del protocolario convencional.


Ese desinterés puede tener por causal una comosvisión muy estrecha y prejuiciada ideológicamente de la geopolítica, los correlatos políticos de fuerzas y desconocimiento supino de la historia.


La consecuencia es una concepción errada de la realpolitick --la realidad política-- pues desestima el imperativo de los equilibrios estratégicos en las relaciones del Estado mexicano con otros estados.


Cierto. No parecen existir objetivos ni razones de ser congruentes con nuestra posición tan asimétrica, débil y, ergo, desfavorable en el contexto de la relación con un Estado poderoso, el estadunidense.


Ese Estado es vecino nuestro. Esa vecindad ha tenido, históricamente, más desencuentros que encuentros. Aquellos han sido de secuelas trágicos. Y éstos, insuficientes e insatisfactorios.


Y no en vano. Pierre Trudeu, quien fue Primer Ministro de Canadá, dijo alguna vez que ser vecino de EU es como dormir con un elefante: un movimiento, por ligero que fuere, lo aplasta a uno.


Tal es la naturaleza de la forma de organización económica, política y social de los estadunidenses, lo cual conforma una vocación cultural dominante y, ergo, hegemónica e imperialista.


Las secuelas de esa realidad vecindaria han sido, en lo que toca a la relación bilateral --nos lo dice la historia--, traumáticas. En nuestra psique colectiva pesa aun la mutilación territorial de 1848.


III


Tan terrible cercenamiento continúa hoy bajo modalidades diferentes a las de hace 157 años. EU prosigue sus empeños depredadores, robándonos, saqueándonos, dominándonos.


Y ello prosigue alegremente, con la complicidad ostensible --por cínica y volitiva-- de muchos mexicanos, incluyendo a varios de los más recientes Presidentes de la República.


Continuamos, pues, sufriendo las consecuencias de la naturaleza expansionista, depredadora y dominante de EU, siendo el instrumento más fehaciente el de los consorcios trasnacionales.


Esa guisa tiene, sábese, otras expresiones: la lucha contra el terrorismo y contra las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas --el narcotráfico--.


Esas son mecanismos de dominio, control y subordinación, como lo son, por ejemplo, el mismísimo Tratado de Libre Comercio de la América del Norte --que explica la actual crisis de la tortilla en México.


Otros mecanismos son culturales. La aculturación tiene manifestaciones perversas de control social: inducir nuestras conductas colectivas --sociales-- mediante manipulación ideológica.


México es una provincia estadunindese. En la práctica, no es una asociación entre pares, sino una dependencia no sólo económica, sino también subordinación política.


Ese acervo de experiencias históricas de nuestra relación bilateral --no podemos cambiar la naturaleza depredadora, por imperialista, de EU---, pero sí alterar la correlación. ¡Vámonos al Sur!



Glosario:

Anfictionía: Confederación de las antiguas ciudades griegas para asuntos de interés general. Asamblea de los Anfictiones.

Hegemónica: Relativo a hegemonía. Supremacía que un Estado ejerce sobre otro.

Volitiva: Aplícase a los actos y fenómenos de la voluntad









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