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Mexicanos en la FARC

Fausto Fernández Ponte


I La incursión y secuencial bombardeo (saldo: 22 muertos) de la Fuerza Aérea Colombiana en Ecuador para destruir un santuario de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, exhibió lo siguiente:

1) Que el Presidente de Colombia, Alvaro Uribe, está dispuesto a incurrir en acciones extremas execrables --agredir militarmente a países vecinos e incendiar la región-- en aras de sus obsesiones.

2) Que esas obsesiones son las de combatir y vencer a las insurgencias colombianas y no negociar la paz con ellas, cerrando el paso a la liberación de rehenes de aquellas, como Ingrid Betancourt.

3) Que la actuación del Presidente Uribe responde, a su vez, a la obsesión del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, de "castigar" a países empeñados en reivindicar su soberanía.

4) Esa soberanía se representa en el derecho jurídicamente reconocido de recuperar su patrimonio nacional hoy saqueado por entes trasnacionales estadunidenses y de España, principalmente.

5) Que existe una intención estadunidense de internacionalizar la represión militar a la insurgencia colombiana y, a la vez, a los afanes reivindicatorios de los gobiernos de la región.

II Y más:
6) Esos gobiernos son los de Ecuador --en cuyo territorio tenían un santuario las FARC--, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, que buscan independizarse del hegemonismo estadunidense e hispano.

7) Que las insurgencias colombianas y los propósitos nacionalistas de los gobiernos de los países vecinos citados concitan un enorme apoyo en ciertos segmentos conscientes del pueblo de México.

8) Que ese apoyo, empero, no es únicamente mexicano, sino también de otros países de Nuestra América. En las FARC hay, verificadamente, argentinos, chilenos, peruanos y uruguayos.

9) En el caso de los mexicanos en las FARC, su presencia allí tiene hondo significado que, dada la cortedad --ya proverbial-- y la cerrazón política del Gobierno de Facto, éste aquí no percibe.

No percibe, por ejemplo, que el significado mayor del hecho --participación de mexicanos en las FARC-- es, por un lado, su causalidad económica, política, social y cultural; por otro, su historicidad.

Esto último es documentadamente cierto, pues muchos connacionales han participado en insurgencias populares --revolucionarias o de resistencia-- en Cuba, Nicaragua, El Salvador, etcétera.

III Por supuesto, esa participación de mexicanos tipifica presuntamente conflictos potenciales con ciertas figuras jurídicas vigentes en México de indiscutible aldeanismo doctrinario.

Pero, más allá de esos convencionalismos la participación de mexicanos en las insurgencias en Colombia nos habla de idealismos acendrados en nuestros jóvenes y hondas convicciones políticas.

Nos habla, por añadidura, de que esos jóvenes al incorporarse a las insurgencias en Colombia obtienen experiencia que podría ser aplicable en México si las coyunturas aquí lo permitieren.

Nos habla, asimismo, de que esas coyunturas están desarrollándose, pues de hecho hay en México varias insurgencias --al menos 40, según el Gobierno de Facto-- político-militares y varias más civiles.

La mayoría de esas insurgencias tiene sólo alcance local --ciertas regiones serranas inhóspitas y aisladas--, pero por lo menos tres trascienden a lo nacional, reprimidas por el Gobierno de Facto.

Sin embargo, el hecho nos habla de una gran frustración social en México, realidad abrumadora que el Gobierno de Facto no reconoce y, obviamente, no atiende y sí, en cambio, coadyuva a agudizar.

ffponte@gmail.com
Glosario:
Coadyuva: del verbo coadyuvar. Ayudar, aportar, contribuir a un fin.






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