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Calderón y su Estilo


Fausto Fernández Ponte


I En los últimos ocho meses los mexicanos hemos visto ya, no sin asombro, cuál es el estilo personal de gobernar de Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa. Y ese estilo, querrámoslo o no, ha sido --es-- errático.

Diríase sin caer en hipérbole que más que errático, ese estilo ha sido muy errático. Es decir, de yerro en yerro. Uno sobre otro. Sin las rectificaciones que no sólo el sentido común aconseja, sino también el oficio de la política.

Ha sido --es-- ese estilo uno que calificaríase de botepronto. Reactivo. El señor Calderón no ha podido tomar la iniciativa desde el primer momento de su mandato, el cual millones de sus compatriotas consideran espurio --por ilegítimo--, lo sea o no.

Sin desviarnos del tema, diríase que esa espuriedad --o ilegitimidad moral, precisémoslo-- deviene de un hecho estadístico incontrovertible, sin la subjetividad propia de los juicios de valor: el total de quienes votaron por él.

Y quienes votaron por él --si nos ajustamos a las cifras oficiales, por dudosas que sean (y son)-- fueron un poco más de 15 millones de ciudadanos. La cifra, si situada en un contexto proporcional, no es impresionante. Es una cifra magra.

Cierto. Pero, ¿por qué? Porque esos 15 millones conforman una proporción muy menor del total de ciudadanos empadronados que, al día de la elección --el 2 de julio del año pasado-- era de casi 72 millones de mexicanos.

II En un universo así --de 72 millones--, 15 millones conforman un porcentaje enteco, pues 57 millones --¡57 millones!-- de mexicanos con credencial para votar no votaron por él. Esos 57 millones son una cifra impresionante.

Y muy elocuente, pues 57 millones son una enorme y muy gruesa mayoría que, obviamente, no se siente identificada ni mucho menos representada en gradación variopinta por don Felipe del Sagrado Corazón de Jesús. No es su presidente.

Es por ello que don Felipe del Sagrado Corazón de Jesús no concita apoyos masivos de la ciudadanía ni mueve multitudes, a contrapelo de los sondeos que acerca del sentir y parecer de la ciudadanía realiza la propia Presidencia de la República.

Ese hecho estadístico factual, frío, objetivo, determina la espuriedad del mandato de don Felipe del Sagrado Corazón de Jesús. Para todos es, formalmente, el Presidente de México. Mas no para todos es su presidente.

Existe otro hecho adicional que contribuye a nutrir la percepción de espurierdad del mandato del señor Calderón: quienes votaron por él no conforman una muestra representativa transversal del electorado, sino sólo parcial. Ya hablaremos de ello.

Volvamos al tema del estilo personal de gobernar del señor Calderón. Ese estilo está determinado precisamente por el hecho de que este personaje no se sabe representativo de la mayoría de los ciudadanos. Le pesan esos 57 millones que no votaron por él.

III Es probable que don Felipe del Sagrado Corazón de Jesús se sienta representante de todos los mexicanos, situado ya en Los Pinos, como presidente de la República, pues así lo establece la ley. Pero otra cosa es sentirse representativo. Hay una gran diferencia.

Nadie dudaría que este Presidente quiere gobernar para todos los mexicanos y que despliega esfuerzos, a nuestro ver bien intencionados, en ese sentido. Estamos ciertos, incluso, de que muchos que no votaron por él le otorgan el beneficio de la duda.

Pero no logra gobernar para todos los mexicanos. Se lo impiden, por un lado, la cultura de los intereses del segmento ciudadano que votó por él --identificado con el conservadurismo-- y los intereses económicos creados que apoyaron su candidatura. Mas se lo impiden, principalmente, los imperativos de su estilo personal de gobernar que equivaldría a los de su formación como abogado e ideológica y política y sus vivencias en el ejercicio del poder como diputado y funcionario público.


Como abogado, el señor Calderón se distinguió siempre como leguleyo, en el sentido cabal del vocablo. Y como hombre dedicado al ejercicio de la política, se le conoció en el panismo como politiquero, de escasa imaginación e imitador, malo, de otros.

Es probable que don Felipe del Sagrado Corazón de Jesús posea virtudes que, por ahora, son desconocidas a los mexicanos. Pero su leguleyismo y su inclinación por la politiquería lo cancelan como estadista. Ello explica los yerros políticos.

ffponte@gmail.com

Glosario:
Enteco:enfermizo, débil, flaco.
Leguleyo: persona que aplica el derecho sin rigor y desenfadadamente. Que hace gestiones dudosas moralmente en los juzgados.
Politiquero: dado a la politiquería. Politiquear. Tratar de poliítica con superficialidad y ligereza. Hacer política con intrigas y bajezas.






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