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Más acerca de la Ley Gordillo

Fausto Fernández Ponte




I


La ya tristemente célebre Ley Gordillo está contribuyendo a crear en la opinión pública de México la certidumbre de que el Estado mexicano no sirve al pueblo ni a la sociedad civil ni a la ciudadanía.


Ante esa demostración tan elocuente, no parecen ser pocos los mexicanos que se inquieren a quién sirve realmente el Estado. ¿A sí mismo o, a fuer de precisos, a sus personeros? ¿Sirve, acaso, a terceros intereses?


Mas no sólo eso. Las actuaciones de los Poderes Ejecutivo y Legislativo --dos de las tres instancias del Estado mexicano-- están haciendo posible la toma de una conciencia colectiva de la existencia de cierto fenómeno.


Ese fenómeno es conturbador, pues trátase del distanciamiento real, diríase que tangible, del Estado con respecto al pueblo, la sociedad civil y la ciudadanía. Existe, pues, insoslayablemente un divorcio.


Así, la Ley Gordillo se ha convertido en un detonante de un proceso corriente de concientización social y descubrimiento de una realidad que nos sacude: somos un pueblo oprimido. Sometido. Expoliado.


Y nuestros expoliadores se erigen en personeros de una institución que es, con arreglo a las definiciones de la ciencia política y la historia, la expresión máxima del poder del pueblo, de la sociedad civil y la ciudadanía.


Tal es lo que, idealmente, debiere ser el Estado mexicano. Mas no lo es. Es, eso sí, expresión de poder, máxima o mínima, de otros intereses creados, ajenos a los nuestros propios.


La Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del estado descorre, por añadidura, otros velos que ocultaban nuestra realidad circundante.


II


Véase:


1) Que nuestra forma de organización política no es la de una democracia verdadera, sino simulada grotescamente por aquellos --los legisladores y los personeros del Poder Ejecutivo-- a quienes legalmente nos representan.


2) Que nuestra forma de organización económica está siendo transformada de tal estilo para servir a intereses ajenos a los de México. Esos intereses son los de una pandilla bandidesca al servicio de un poder trasnacional.


3) Esa pandilla --descrita por Andrés Manuel López Obrador como el hampa de la política-- actúa en consonancia y función de intereses propios y del poder trasnacional, el de los grandes consorcios de Estados Unidos y España.


4) Ese poder trasnacional --un supraestado que domina a los estados nacionales, como el estadunidense y el español, entre muchos otros-- establece las formas de organización económica y política convenientes a él.


5) El poder de los grandes consorcios trasnacionales es el fenómeno más sobresaliente --es decir, evidente-- en el último cuarto de siglo en la historia del mundo, aunque su origen se remonta a una centuria atrás.


6) El poder trasnacional es el centro axial --pivotal, diríase-- de lo que identificase como globalización de las economías, que en realidad es otra cosa: control absoluto de mercados financieros y de comercio.


En ese contexto de interacción --la dialéctica del poder trasnacional y de la dependencia económica y la subordinación política-- los actores de nuestra vida política sólo son marionetas. Títeres. Peleles.


Peleles de ese vasto y abrumador poder trasnacional son, desde luego, el mismísimo Presidente de la República, los legisladores y poderdantes y poderdados fácticos como Elba Esther Gordillo.


III


A cambio de esa condición de títeres movidos por la mano del gran titiritero --el poder trasnacional--, aquellos se benefician en lo material. Es la guisa de pago por sus servicios a favor del poder trasnacional.


Para el poder trasnacional, el marco jurídico debe ser uno diseñado y constituido de tal manera que le permite reproducir con largueza sus intereses y, ergo, sus ganancias. Estas rebasan límites morales y éticos.


El marco jurídico favorable a sus intereses --como la Ley Gordillo-- les garantiza a los consorcios trasnacionales en México un saqueo impune, sin riesgos, de las riquezas del país. Esa impunidad se traduce en cinismo.


Y el saqueo se convierte, pues, en un ejercicio de cinismo, sustentado por una filosofía --la del neoliberalismo-- que preconiza la cesión de las potestades rectoras del Estado a intereses particulares.


El desmantelamiento del ISSSTE es un caso en punto, de libro de texto. Mediante esa destrucción del andamiaje de seguridad social en México, los actores todos ganan. Pero pierden los trabajadores. El pueblo de México.


Pierde, sin duda, México. El desentramado del ISSSTE es sólo el primer paso hacia la privatización y el eventual mercantilismo de la seguridad social en México, financiada por los mismos trabajadores.


Esa es la ironía macabra del caso. Con recursos de los trabajadores --y, en un sentido más amplio, del pueblo de Mèxico--, particulares mexicanos y extranjeros se beneficiarán. Es un escamoteo burdo.


Sin duda. Los trabajadores continuarán aportando, ahora más --según la Ley Gordillo--, pero no recibirán los beneficios de sus aportaciones.


Estas se convertirán en ganancias de otros. ¡Qué expoliación tan brutal!


Glosario:

Expoliado:Relativo a expoliar: Despojar con violencia o iniquidad.




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La Ley Gordillo (1/2)

Fausto Fernández Ponte



I
La Ley del Instituto de Seguridad y Serviciios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) fue aprobada por el Poder Legislativo a contrapelo del sentir general. Ello equivale moralmente a traición.


En efecto. Los legisladores --quienes representan, por lo que toca a los diputados, a los ciudadanos de los 300 distritos electorales de México-- actuaron con arreglo a componendas de un poder fáctico.


De igual guisa, los senadores --que representan a los estados y el Distrito Federal-- sometieron su quehacer a los imperativos de ese mismo poder fáctico, movidos --piénsase en el ágora-- por la estulticia.


Esta actuación, lamentablemente, es frecuente. Los hombres y las mujeres que la ciudadanía envió al poder Legislativo a defender sus intereses hacen precisamente lo opuesto. Agravian, conculcan y vulneran esos intereses.


Por ello, la percepción generalizada en la ciudadanía de que los intereses populares han sido traicionados por los legisladores que trocaron su deber de servir a la ciudadanía por la conveniencia personal y facciosa.


Subordinaron, pues, su voluntad a intereses mezquinos, los que se emblematizan en los de Elba Esther Gordillo, mujer poderosa que, en su turno, es un icono mismo de la corrupción en México.


La señora Gordillo, dirigente magisterial y mujer con influencia de enormidad transversal en el Poder Ejecutivo y, ahora, obsérvase, también en el Legislativo, actuó sin tapujos, no siempre tras bambalinas.


II


Y su actuación reúne componentes que la definen, a la luz de la ciencia política, como un golpe de Estado en representación propia y de los intereses que abandera, coincidentes con los del Poder Ejecutivo.


Más allá de los confines de ese Poder --que es el formal, pero dominado por el fáctico, el de doña Elba Esther-- las premisas y los silogismos de esta mujer coinciden con las del vero mero, el mismísimo Estado mexicano.


¿Y qué clase de Estado es el mexicano? Es obvio que se nos configura y exhibe como un Estado insolidario, desnaturalizado ideológica y políticamente pues desvirtúa su papel como la expresión de poder del pueblo.


Estado desnaturalizado, pues, dos de cuyos tres poderes abdican de su deber moral y ético y se prestan, como cómplices cínicos, al coup d´Etat cuyo arquitecta e instrumentadora central ha sido la señora Gordillo.


Ha movido este personaje de siniestra laya sus alfiles: el director del ISSSTE, Miguel Angel Yunes, y a los diputados y senadores de partidos políticos con afinidades orgánicas y entreveramientos faccionalistas.


Ese trasvestismo ideológico y político sólo sirve a los fines de los intereses más oscuros del poder fáctico. Dicho trasvestismo --hoy mujer, mañana hombre, intercambiables condiciones-- define la cultura política.


O, por mejor decir, la cultura política del poder que, no en vano, atraviesa por una crisis profunda. La crisis del poder se confirma --preciso es subrayarlo-- en el coup d´Etat de la señora Gordillo.


III


Pero, a todo ésto, ¿por qué la ciudadanía impugna la Ley Gordillo y expresa sin reticencias y con irritación en la vía pública su repudio? Primero, porque es un precedente peligrosísimo de saqueo legaloide del país.


Y, segundo, porque apuñala aviesamente al corazón mismo de la filosofía social por la que murió un millón de mexicanos de 1910 a 1917 y atenta, de esa guisa, la concreción práctica de ese ideal en prestaciones materiales.


El ISSSTE fue creado bajo esa inspiración que confirma que es posible convertir ideales --los plasmados originariamente en la Constitución de 1917-- que se suponían utópicos en una realidad tangible.


Y ello es exactamente lo que trátase de desmantelar. El objetivo es la de actuar los desvalores de la corrupción --acceso a recursos financieros fluidos, pero al costo aberrante, por monstruoso, de la inseguridad social.


Para lograr ese objetivo --el de la prevalecencia impune y, por tanto, cínica, de los desvalores de la corrupción gordillista-- el señor Yunes, cofrade y partiquino de doña Elba Esther, erguye la lógica de la ganancia.


Y ello define la laya real del Estado mexicano y el Poder Ejecutivo: laya regida por los imperativos del neoliberalismo, los de que inclusive el Estado mismo debe ser una empresa comercial y no social ni política.


Mas el Estado neoliberal no ha sido, ni con mucho, empresa comercial exitosa. No ha sido ni lo es --ni lo será-- rentable. La lógica yunista se sustenta sobre premisas falsas. La tramoya es la corrupción. No más.


Glosario:


Erguye: Relativo a ergullir: Cobrar orgullo, envancerse.
Silogismo: Argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras dos.


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Transformar a México


Fausto Fernández Ponte




I


En lo que bien pudiere ser su discurso más trascendente --por memorable--, Andrés Manuel López Obrador planteó en la manifestación multitudinaria del domingo 25 las tesis siguientes:


Una, la del imperativo de defender el patrimonio de la nación, dilapidado irresponsablemente por los personeros del Estado mexicano, en particular el del Poder Ejecutivo, Felipe Calderón.


Y, otra, la de la imposponible certidumbre de transformar las estructuras económicas, políticas y sociales de México, como eje central de la defensa y conservación del patrimonio nacional.


Esas tesis conllevan la busqueda jurídicamente metódica y el hallazgo, políticamente identificado, de objetivos estratégicos de conservar para nosotros un país que nos está siendo arrebatado.


Así es. Nuestro México es cada día menos nuestro. Lo habitamos, pero pagamos por ello, como si nos lo alquilaran como inquilinos quienes se ostentan ante nosotros como los nuevos dueños.


Esos nuevos dueños son, por un lado, los oligarcas mexicanos --cuyo icono emblemático es Carlos Slim-- y, por otro, los grandes consorcios trasnacionales de Estados Unidos y España principalmente.


Tal es el poder de los oligarcas mexicanos y los consorcios trasnacionales que han establecido en México una plutocracia --gobierno de los ricos--que exhibe su vera laya con cinismo ofensivo.


Esto nos lleva a abrevar, como método, en la historia, acertadamente llamada la ciencia de todas las ciencias y explicadora con diafanez los avatares del desarrollo del mexicano como ser social.


II


Cierto. Bástele al caro leyente, doquiera que esté situado cultural y en la sociedad, dar un vistazo a nuestra historia para liberar su conciencia de los grilletes de la cultura que induce su conducta.


Trátase, abúndese en el tema, de la conducta colectiva, inducida con arreglo al empleo, por parte de los dueños del México de hoy de sofisterías metodológicas de los medios de control social.


Uno de esos medios es, ya lo habría adivinado usted, la iglesia, como expresión mercantil de la religión organizada simultáneamente como herramienta de dominio y de modus vivendi, como negocio, pues.


Otro medio de control social es el andamiaje filosófico, ideológico y político de la educación pública que, en México, es hoy un quehacer privado, ejercido como un negocio pingüe en términos crematísticos.


Y un tercer medio de control social es, desde luego, el que conforman el aparato de difusión colectiva o para las masas dominado, precisamente, por quienes se nos muestran como propietarios de México.


Luego están las Fuerzas Armadas, enser utilísimo de la oligarquía --y la plutocracia, por supuesto-- para la coacción y, como estamos viéndolo ahora con elocuente nitidez, para la represión.


Así es. Mediante esos mecanismos, los espurios dueños de México ejercen un enorme poder represivo de las ansias populares de liberación de la conciencia social y recobro reivindicador de fueros.


Ese enorme poder represivo es cualitativamente mayor que el ejercido en el siglo XIX (y los que le precedieron desde la Conquista) por quienes se han ostentado falsamente como dueños de México.


III


En el continuum de la historia, esos nuevos dueños de México no son diferentes de quienes poseían este país gran parte del siglo XIX y, aun antes, durante los años del virreinato de la Nueva España.


Mas fue en el siglo XIX que esos nuevos poseedores de México y usufructuarios de sus riquezas y perpetradores del brutal saqueo se enfrentaron, como ahora, la oposición del pueblo.


Y para vencer a esa oposición, los dueños del México de entonces hicieron la guerra al pueblo --por definición pobre, por sometido y opreso-- durante casi todo ese siglo.


En ese intento de desasirse del yugo, el pueblo mexicano --en la uñidura jurídica y política de la Nueva España-- se alzó en armas e inició una larga guerra por su independencia.


Y es que esa guerra, en el formalismo histórico, duró 14 años, en realidad no ha cesado. Ello confirma la naturaleza del continuum. La fuerza moral y emulativa de la continuidad histórica.


Esa fuerza es la que mueve hoy a millones de mexicanos que han abanderado al señor López Obrador en pos de la devolución de su país, sin caer en la tentación y provocaciones de la violencia callejera.


Hoy, a diferencia del siglo XIX y gran parte del XX, el pueblo exige esa devolución pacíficamente, pues la estructura represiva de los dueños usurpadores de México es perversamente más eficaz.


Antes eran el machete, la hoz, la fisga y el palo del pueblo frente al sable, el mosquete y el cañón de los detentadores arrogados del país. Hoy la represión es más insidiosa, sofisticada. Y más brutal.


Glosario:

Diafanez: Relativo a diáfano. Claro, limpio.

Pingue: Craso, gordo, abundante, copioso, fértil.







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Las Otras Guerras

Fausto Fernández Ponte



I

El Poder Ejecutivo --o, por mejor decirlo, el titular de éste, Felipe Calderón-- libra una guerra contra la vertiente del Crimen Organizado dedicada al tráfico de estupefacientes y psicotrópicos.


Señálese que esa guerra se caracteriza por despliegue espectacular de fuerzas armadas --del Ejército, la Marina Armada y la Fuerza Aérea-- y acciones realizadas con igual dramatismo.


La vertiente narco del Crimen Organizado ha respondido con arreglo a los imperativos de la Ley del Talión --ojo por ojo-- y ante la sorpresa del Ejecutivo, ha mostrado enorme capacidad de respuesta.


Ello ha evidenciado la impreparación de las fuerzas usadas por el Poder Ejecutivo, acusadamente en los mandos altos del Ejército y la Marina Armada. A ello súmase la impreparación del mando supremo.


Este --el mando supremo-- no ha sabido salirle al paso a los desafíos estratégicos que plantea la guerra contra las organizaciones dedicadas al tráfico ilícito de sustancias prohibidas.


EL equívoco ha tenido consecuencias terribles: doctrinariamente, las Fuerzas Armadas no están capacitadas para realizar trabajo policiaco, cuya premisa filosófica mayor es la de prevenir el delito.


Por añadidura, ese trabajo de prevención se realiza --por lo menos en teoría-- en un marco jurídico regido por una preceptividad civil y a la vez civilista y de indudable naturaleza social.


Esa cultura es ajena a las Fuerzas Armadas de México, cuya conformación y rigideces castrenses representan obstáculos insalvables para el desempeño de cualesquier misiones preventivas-coactivas.


II


Mas no es esa la única guerra que el señor Calderón libra. No. También ha desatado acciones en ámbitos geográficos concretos: Chiapas, Oaxaca, por mencionar los más evidentes.


Despliega el señor Calderón acciones bélicas organizadas contra grupos sociales y etnias e incluso gremios que considera en rebeldía o en insurgencia contra el poder que emblematiza y representa.


Así, como insurgencias y rebeldías, don Felipe y sus allegados y afines en los círculos en donde él está ubicado como centro de mando consideran que esos grupos y gremios deben ser reprimidos.


La modalidad de represión es conocida por los especialistras como guerra de baja intensidasd, así denominada porque las tácticas empleadas se sustraen de las definiciones convencionales.


Y es que la táctica de guerra de baja intensidad permite incorporar en la doctrina militar de la represión a grupos civiles policiacos y paramilitrares, así como bandas mercenarias.


Y esa es la guerra que se libra contra los zapatistas --que ocupan territorio chiapaneco de gran valor estratégico dados sus vastos recursos naturales-- y contra el pueblo de Oaxaca.


Esta guerra de baja intensidad también tiene por teatro de operaciones en los gremios --maestros, principalnmente, y trabajadores del campo y la ciudad en general-- y grupos disidentes organizados.


En esa guerra de baja intensidad participan, inclusive, civiles de Estados Unidos bajo guisas de cooperación bilateral en programas que paradójicamente son descritos como para fomentar la paz.


III


Todo ello le plantea al señor Calderón disyuntivas tácticas: la distracción de recursos humanos para librar varias guerras simultáneamente y bajo, al menos, dos modalidades.


La represión, pues, ocurre por doquier. Empero, reprimir es un vocablo eufemístico por el de destruir. Trátase de destruir disidencias sociales organizadas y discrepancias políticas sostenidas.


Este activismo insurgente --discrepador y disidente-- ocurre a extramuros del marco institucional vigente, que ha resultado de contrarreformas realizadas al implantarse en México el neoliberalismo.


Ese marco, como bien sabríase, ha sido rebasado por la realidad social. No adviértese desde hace varias generaciones incongruencias entre la realidad social y el andamio jurídico.


El andamio --que exhibe fracturas severas-- es la justificación espuria y falaz para intensificar el proceso de entrega de México a particulares cuyo modus vivendi es, precisamente, saquear al país.


El saqueo es más intenso y se ha hecho más evidente. La plutocracia calderonista ha acelerado el paso para ampliar la contrarreforma constitucional iniciada en el sexenio de Miguel de la Madrid.


Mas en la medida que esa contrarreforma vaya más lejos --más, incluso, de la que la llevó Carlos Salinas-- las insurgencias seguirá surgiendo como hongos y don Felipe tendrá que librar más guerras.


Las fuerzas del poder --las convencionales y las que actúan bajo la doctrina de la baja intensidad-- no serán suficientes para reprimir. De hecho, ya se ve ello: hay descontento en el Ejército.


Glosario:

Mas: Pero, sino.

Plutocracia: Preponderancia de los ricos en el gobierno del Estado.

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Los Espectadores


Fausto Fernández Ponte




I


Las desencuentros sangrientos --con violencia extrema-- entre los personeros de las instancias coactivas del Poder Ejecutivo y los del Crimen Organizado y entre estos mismos es vista por la sociedad mexicana como un espectáculo dramáticamente atroz.


Cierto. En esta guerra --a tiros, con decapitaciones, bombazos, atentados, etcétera-- la sociedad mexicana es sólo espectadora circunstancial, con bajas ocasionales --accidentales--, pero al fin y al cabo espectadora pasiva. Y temerosa.


Sin duda. Hay temor en la sociedad mexicana, precisamente por las bajas por accidente, porque alguna persona, hombres o mujeres o incluso niños, es muerta o herida por una bala perdida o por una esquirla.


La sociedad mexicana vive aterrorizada. Y se siente rehén de fuerzas inasibles, ajenas a su control, sin poder desasirse de las zarpas del terror ni estar en condiciones de procurar desenlaces favorables a sus intereses en esta guerra.


Además de ese terror que estruja a la sociedad mexicana --acentuado por la impotencia-- adviértese otro atributo corrosivamente atentatorio a los intereses sociales, el de que se actúa en su nombre y representación sin haber otorgado ésta.


Su impotencia --su calidad de espectadora sometida al terror-- se acentúa al confirmar sus sospechas más profundas: las actuaciones del Poder Ejecutivo dirigidas a reducir considerablemente, si no es que eliminar, las garantías constitucionales.


Esas garantías constitucionales son un valladar frágil al ejercicio del poder tanto formal como fáctico, aunque en la práctica tales derechos sean conculcados y vulnerados cotidiana e impunemente y con cinismo por esos poderes. Ello es también causa de terror.


II


El terror es, pues, de doble manufactura: uno, el desatado por la incertidumbre societal que deviene de la guerra que se libra en todo el territorio nacional; y, otro, los intentos del Poder Ejecutivo de legalizar prácticas atrabiliarias y abusos.


Y es que no son pocos los mexicanos que temen que el Poder Ejecutivo persuada al Estado --o a su instancia legislativa-- de crear un régimen de terror gubernamental, agregado al que ha desatado ya la guerra contra el Crimen Organizado.


Es, pues, la nuestra una sociedad espectadora y acusadamente a la espera. Le regatea apoyos morales --y/o equivalentes-- a cualquiera de los bandos en guerra. Al Poder Ejecutivo, por imperativos deontológicos. Al Crimen Organizado, por obvios motivos.


Lo irónico de esta situación es que los personeros de las instancias coactivas del Poder Ejecutivo --los cuerpos policiacos y las fuerzas militares de tierra, mar y aire-- luchan en esta guerra bajo la premisa de servir a la sociedad y protegerla.


El Crimen Organizado, predeciblemente, no se ha erigido ni en defensor ni en protector de la sociedad, sino de sus intereses propios, los cuales parecen ser, en un momento dado de la dialéctica de las coincidencias, ajenos a los de la población.


No hay discurso en el Crimen Organizado, desde luego. Sus personeros no hablan en público --por la televisión y la radio-- ni sus discursos y declaraciones ocupan una sola línea ágata en los medios difusores impresos o los periódicos en la Internet.


Pero hablan con las balas. Ese es, si lo quiere ver así el caro leyente, su discurso. Añadiríase que ese es un discurso muy elocuente, pues el terror posee esa peculiaridsd persuasiva propia de los efectos de la elocuencia.


III


En contraste, las instancias coactivas del Poder Ejecutivo han perdido capacidad de persuasión y convencimiento. Han perdido elocuencia. Y la han perdido totalmente. ¿Por qué? Por una simplísima y muy llana razón: carecen de credibilidad. Credibilidad moral.


Y credibilidad ética. Ello influye en el proceso de metamorfosis de la percepción pública. La credibilidad es, en el ejercicio del poder político, el sustento mismo de la autoridad moral y ética, como bien decíalo Norberto Bobbio.


¿Por qué? Por una simplísima y muy llana razón: porque esta autoridad fue constituida bajo modalidades electorales que carecieron del asentimiento y la anuencia general --extendida-- de la sociedad y sus vertientes de decisión colectiva, la ciudadanía.


No háblese aquí de fraude electoral, aunque millones de ciudadanos están convencidos de que este Poder Ejecutivo se constituyó bajo guisa fraudulenta. No. Y no. Háblase de otra realidad más abrumadora --insoslayablemente-- aludida también por Bobbio.


Trátase de que se carece de credibilidad moral y ética y, por ende, de autoridad política y alcance real de las actuaciones políticas porque la ciudadanía considera, intuitivamente, que este gobierno no es resultado de un contrato social.


Un contrato social es mucho más que un pacto entre fuerzas políticas formales o informales --fácticas-- o un acuerdo coyuntural entre los representantes de los partidos políticos y sus adherentes y partiquinos en el Poder Legislativo. Es otra cosa.


Un contrato social sólo es dable y, ergo, vero, entre las fuerzas sociales --distintas, cualitativa y cuantivamente, de las políticas-- y consiste en la codificación no escrita que, sin embargo, tiene vigencia rigurosa.


Rige, pues, un contrato social las relaciones de la sociedad en su conjunto con sus expresiones de poder propias, conformadas éstas por verismos no sólo jurídicos y políticos, sino por los de la representatividad real, la propia, la genuina.


Glosario:


Inasible: Que no se puede asir o coger.

Valladar: Obstáculo de cualquier clase para impedir que sea invadida o allanada una cosa.




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Pobreza y Riqueza

Fausto Fernández Ponte




I

Decíase ayer aquí que José Luis Barraza González, el saliente operador formal del grupo de presión del gran empresariado mexicano --el Consejo Coordinador Empresarial--, había expresado opiniones acerca de la economía que mueven a ciertas reflexiones.


Señálese que al referirnos a la economía mexicana en realidad nos referimos a la forma de organización económica prevaleciente en México y que también suélese identificar de modo epiceno como modelo económico.


Las reflexiones tienen por premisa mayor que el registro que el gran empresariado tiene acerca de la realidad de México no es el de los demás mexicanos que no son parte, la mayoría, de ese pudiente segmento tan pudiente de nuestra sociedad.


Y es que, como bien diríalo Perogrullo, no es lo mismo ver el bosque desde lo alto que estar dentro de él. El sentir y el parecer del gran empresariado mexicano tienen por lìmites los de sus propios intereses de clase.


Esos intereses de clase son opuestos, por definición, a los de las otras clases sociales, sobre todo las populares que, en la práctica, carecen de poder para influir en el diseño y aplicación de políticas económicas del Estado y el gobierno.


¿Y qué aduce el señor Barraza González desde su muy particular perspectiva de miembro prominente del alto empresariado mexicano que no coincide con la realidad registrada con arreglo a los imperativos del bajo empresariado y, en general, la sociedad mexicana?


Adviértasele al caro leyente, como salvedad, que la sociedad mexicana está conformada por las clases medias --cuya gradación cualitativa y cuantitativa es variopinta-- y, en un sentido más amplio, el pueblo pobre de México.


II


Los intereses de estos últimos estratos no son los del alto empresariado, aunque el señor Barraza González, en sus opiones consignadas ayer aquí, parecía hablar a nombre de todos los mexicanos al expresar sus opiniones.


Opinaba don José Luis: "Al postergar la modernización de la economía y enfrascarnos en la discusión estéril de (que) si debe o no cambiarse el modelo económico, nos estamos conformando con tener crecimientos de 3.0 ó 4.0 puntos porcentuales".


Añadió: "Si continúa posponiéndose la modernización de la economía, cada vez estarán más lejanas las tasas de crecimiento de hasta 7.0 por ciento y con ello la mejoría del ingreso per cápita de los mexicanos".


Estimó que si la economía de México presentara avances del orden del 6.0 ó 7.0 por ciento anual de crecimiento en un lapso de 12 años, se duplicaría el ingreso per cápita "hasta en 17 mil dólares anuales".


Existen, opinó también, temas pendientes, algunos de los cuales, precisó, son los de "la creación de mejores condiciones para las empresas (...) Necesitamos más certidumbre jurídica, por ejemplo, en el ámbito energético".


Otro problema --señaló-- es el de la pobreza, "cuya solución no se dará con programas demagógicos ni repartiendo riqueza sin primero generarla".


Al abordar este tema, don José Luis entró a un territorio minado que denota con nitidez y diafanidad que la percepción de la realidad que tiene el gran empresariado mexicano está determinada por prejuicios arraigados. Estos devienen de la ignorancia.


III


Por ejemplo: el señor Barraza refleja esa estrechez perceptiva de la realidad determinada por imperativos de clase social y en desestimar las fuerzas de la dialéctica de la pobreza y sus manifestaciones.


La pobreza es, primero, un efecto y, luego --en segundo lugar--, una causal secuencial de otros hechos e interacción de factores y vectores cuyos desenlaces contribuyen a perpetuarla perversamente mediante la concentración de riqueza.


Y el señor Barraza González nos dice --en nombre del gran empresariado-- que primero hay que generar la riqueza antes de repartirla, lo cual es una falacia, pues esa riqueza sí se ha generado y continúa créandose. Día a día.


Esa riqueza la crean los trabajadores, al producir plusvalía, de modo que distribuir --no repartir, que es otro concepto-- no es porque no exista riqueza generada, sino porque ésta es apropiada por el empresariado con guisas sofisteras de laya jurídica.


Cierto. El marco jurídico --que don José Luis pugna por modificar aun más a favor del gran empresariado-- es propicio a esa apropiación de la riqueza creada por los trabajadores mexicanos. La apropiación de plusvalía no deja nada qué distribuir.


Esto nos lleva a la forma de organización económica --o el modelo-- prevaleciente, que en México es escandalosamente favorable al gran empresariado que, a la luz de las opiniones públicas del señor Barraza González, no son suficientes.


Es probable que ese gran empresariado logre su propósito de modernización de la economía que entiende como "mejores condiciones para las empresas"; es decir, mayores ventajas para continuar apropiándose de la riqueza creada por otros. Por los pobres.


Glosario:


Diafanidad: De diafano, transparente.


Epiceno: Común.

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La Visita


Fausto Fernández Ponte




I


¿A qué vino realmente George W. Bush? Las conversaciones que sostuvo con Felipe Calderón y los acuerdos que suscribió con éste no reflejan los móviles veros de este viaje relámpago del Presidente de Estados Unidos a México.


Entonces, reiteramos, ¿a qué vino don George W. a nuestro país? Quizá los verdaderos motivos de ese periplo del estadunidense por Nuestra América se localicen en las ocurrencias, hechos y sucedidos en su propio país.


Don George W. es repudiado en su propio país debido a su obvia demencia --Dios, dice, le ordenó hacer invadir Irak, ocupar militarmente a ese país, derrocar y asesinar a Saddam Hussein-- y las consecuencias terribles de dicha locura.


Esas consecuencias exhiben sus efectos en la vida nacional, interna, del país vecino y en las relaciones del Estado estadunidense con los demás estados y el envenenamiento de los tratos internacionales, fueren éstos multilaterales y/o bilaterales.


Es, pues, un Presidente don George W. que carece de poder político --como su homólogo mexicano, el señor Calderón-- aunque como comandante supremo de las fuerzas armadas estadunidenses está investido de facultades coactivas enormes.


Pero tanto él, como mandatario, y su gobierno están desprestigiados en EU y en el mundo. Carece de influencia y autoridad moral y como secuela de ello no es el líder máximo, ya, de su propio partido político, el Republicano.


Este, en los hechos, ya no es su soporte político. El partido refleja, asimismo, las discrepancias entre sus militantes y simpatizantes con respecto al señor Bush y, en un sentido lato, el sentir de las vertientes ideológicas afines.


II


Cierto. A don George W. Bush no lo quiere nadie en su propio país, excepto, obviamente, los grandes intereses de los consorcios trasnacionales estadunidenses que se han beneficiado escandalosamente con la guerra de agresión y rapiña en Irak.


Y esa realidad --el apoyo del señor Bush de los grandes consorcios trasnacionaoles asentados en su país-- es la que explica las causales reales del recorrido de don George W. por varios países de Nuestra América.


Vino, pues, a estos países y, ahora, como escala final, a México, como representante de esos vastos intereses de los entes privados trasnacionales que temen que sus tesauros resulten dañados por el oleaje independentista que barre a Nuestra América.


Esos consorcios trasnacionales han saqueado, históricamente, a nuestros países. El saqueo de sus recursos naturales, incluyendo el humano, ha sido --y continúa siéndo-- brutal, por exhaustivo, con la complicidad aviesa de gobernantes y empresarios locales.


Esa complicidad, sin embargo, es, en su turno, resultado de las actuaciones dominadoras, agresivas, rapiñescas, de chantaje, imperiales y colonialistas del Estado estadunidense en su relación con los estados americanos.


Caso en punto --de libro de texto-- es la decisión, tomada en la capital del imperio, Washington, de que México abriera unilateralmente al mundo su economía, lo cual ocurrió durante el sexenio de Miguel de la Madrid. No nos preparamos para esa apertura súbita.


III


Fue una decisión trasmitida al entonces Presidente De la Madrid quien, dada su tibieza política, sus proclividades ideológicas afines a los de la ortodoxia de los intereses del poder real y el pragmatismo impúdico de éste, la acató sin objetar.


Ello exhibió a los mexicanos --y al mundo-- que el Presidente de México era y es un individuo de carácter débil, carente de valor civil y personal, cuyo gobierno tenía, en la sombra, un verdadero mandante, Carlos Salinas de Gortari.


El señor Salinas encabezaba una pandilla de secretarios de despacho y otros funcionarios gubernamentales y políticos profesionales que influían decisoriamente en el diseño y la aplicación de las políticas económicas del gobierno delamadridista.


Al abrir ese gobierno de México --el presidido por don Miguel-- la economía mexicana al mundo, los que llegaron fueron, ya lo habría adivinado el caro leyente, los consorcios trasnacionales estadunidenses. Y México se convirtió en provincia de EU.


Esos consorcios trasnacionales conformaban, ya desde entonces --inicios de la década de los ochenta--, la globalización, fenómeno que en realidad sólo beneficia los intereses globales de aquellos y no los de los pueblos.


La globalización de las economías es, en realidad, sólo de carácter tecnológico para fines de transferencia y especulación simultánea de recursos financieros, bienes y servicios. Mas las economías no están integradas en un todo global.


Ello obsérvase en México con nitidez diáfana. Nuestra economía, que presúmese globalizada, tiene peculiaridades propias de un colonialismo económico de nuevo cuño. Su globalización es sólo mercantil y en el consumo de bienes y servicios trasnacionales.


Pero al señor Bush, como emisario de las trasnacionales no sólo de EU, sino también de otros países del llamado Primer Mundo, vino a asegurarse de que se consoliden, desde el gobierno de México, las condiciones que reproduzcan los intereses que representa.


En el caso de don George W., su laya es doble: personero de consorcios trasnacionales amenazados en Nuestra América y, a la vez, hombre del poder real, con intereses personales propios en empresas petroleras de su familia con negocios en Mexico.



Glosario:

Lato: Dilatado, extendido.

Periplo: Cualquier viaje o recorrido, por lo común con regreso al punto de partida.

Tesauros: Tesoros.


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Los Cien Días


Fausto Fernández Ponte




I


El sexenio de Felipe Calderón ha alcanzado los cien días primeros de existencia y, a la luz de los hechos y sucedidos en ese lapso, los mexicanos hemos visto desplantes espectaculares ineptitud política y una proclividad al totalitarismo.


Ambas expresiones --ineptitud y raptos totalitarios-- son asaz preocupantes, desde la perspectiva de no pocos mexicanos, aunque otros connacionales no lo registran de esa misma guisa aplauden esos indicios conturbadores.


Y entre esos dos polos --los preocupados y los aplaudidores-- se localiza un grueso mayoritario de ciudadanos a quienes lo que haga o no haga el Estado y el gobierno que lo representa en lo formal les es indiferente, en apariencia. Piénsase que hay apatía.


Y piénsase en conformismo colectivo. Piénsase, asimismo, en esos cenáculos del poder --el formal y el fáctico-- que al ser los mexicanos anuentes por omisión social se aprueban las acciones del Estado y de Gobierno.


En efecto, aparentemente hay indiferencia social, contexto dentro del cual se ejerce el poder formal. Los personeros de éste, desde el Presidente de la República hacia abajo, parten de esa premisa falsa para justificar sus actuaciones.


Tales actuaciones, en el centenar de días transcurridos desde el inicio de la administración calderonista, responden, a nuestro ver, a una lógica de la simulación, la cual, en su turno, tiene causales culturales y, desde luego, coyunturales.


Las causales culturales se concentran en el meollo doctrinario mismo del ejercicio del poder en México, regido por fuerzas centrífugas y centrípetas de la simulación para fines de imagen y, a su vez, con un propósito de legitimación.


II


Así, se simulan logros para camuflar, precisamente, los malogros o lo no logrado.Y para hacer creer a los mexicanos que se les sirve desde el poder cuando en realidad se sirve a otros intereses ajenos, reiteradamente, a los de nuestro país.


Esa constante en la actuación calderonista disfraza grotescamente a otra constante: la de los hechos y sucedidos negativos lesivos a los intereses populares --y al país mismo y sus instituciones-- registrados en estos cien días:


1) Aumentar los precios a la tortilla y la leche y otros bienes de consumo básico en los mexicanos.


2) Permitir la introducción de maíz transgénico estadunidense a México, lo cual tiene ya consecuencias desastrosas en la de por sí precarísima economía rural y secuelas graves --por erosionadoras-- de la identidad. Sin maíz, reza el axioma, no hay país.


3) Incrementar hasta en un 25 por ciento el huevo de gallina.


4) Subir los precios de combustibles --diesel y gasolinas-- para el transporte.


5) Elevar el precio de los servicios de abasto de energía eléctrica y de gas.


El resultado neto de la concatenación de tales hechos y sucedidos es una espiral inflacionaria que está incidiendo negativamente en la hacienda de las familias mexicanas, tanto de clases medias ya depauperadas como populares.


Ese alcismo tiene un telón de fondo ominoso, el de la pobreza. Ésta crece.


III


El aumento en los precios de bienes y servicios básicos y la inflación subsecuente ha sido explicada por el propio Presidente Calderón y sus secretarios de despacho --cuya ineptitud es patética-- como vigencia inevitable de las leyes del mercado.


Y el mercado es --aunque no lo hayan dicho el Presidente ni sus secretarios-- el de la forma de organización económica prevaleciente, el cual es, ante esos hechos y sucedidos elucentes, injusto en extremo, pues crea desigualdad. Pobreza.


Y más pobreza. Estrujante pobreza. Y toda la gradación variopinta de pobreza, desde la de las carencias de satisfactores materiales hasta la miseria mínima y , sobre todo, la erosión de las redes de capilaridad social por las cuales se mueve la esperanza.


Este socavamiento de la esperanza social y su reemplazo por su gemela inexorable, la desesperanza se acentúa ante otras actuaciones concomitentes de la administración calderonista en estos cien días de quehacer que sólo puede ser calificado de desgobierno.


Una forma de organización económica de esa laya es, desde una perspectiva moral, socialmente inviable, pues sólo sirve a una élite de hombres y mujeres poderosos --los dueños y operadores del dinero-- en detrimento de los intereses populares. De México.


En esa forma de organización económica --el mercado, religión suprema cuyo dios es la ganancia escandalosa-- no existen atuenantes, sino sólo agravantes, pues legitima prácticas que son, por definición, antisociales.


Las agravantes tienen un eje central: la adbicación de las potestades rectores --que son constitucionales-- del Estado y el Gobierno que lo representa, lo que se observa con elocuente nitidez en las actuaciones del calderonismo en estos cien días.


Glosario:


Anuente: Que consiente.

Concomitentes: De concomitar. Acompañar una cosa a otra, u obrar juntamente con ella.

Elucentes: Explicados o aclarados.


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País Violento


Fausto Fernández Ponte



I

Los mexicanos que han vivido y viven y viajan constantemente por el mundo descubren --o confirman, según el caso-- que muchísimos pueblos tienen de México la percepción de ser un país de hombres violentos y que la violencia es un estilo de vida.


Y no es errada esa percepción. Sin embargo, no deja de sorprendernos. ¿Por qué? Porque, dicho con llaneza y de la manera más lisa, no estamos ni somos conscientes de que la violencia preside gran parte de las relaciones humanas.


Trátase, desde luego, de una gama variopinta de violencia, desde la verbal y gesticulativa hasta la física, con sus secuelas que incluyen, obviamente, el prejuicio extremo y el perjucio final.


Véase, si no, lo que sigue:


1) Todos los días son ejecutadas personas en la vía pública o en lugares abiertos, desde calles y banquetas y plazas hasta restaurantes y centros recreativos incluso familires.


2) Una de cada cinco mujeres mexicanas sufre lo que suele conocerse como violencia de pareja y la proporción es similar con respecto a los menores de edad. Por añadidura, tanto a mujeres como a menores se les explota laboralmente y hasta se les esclaviza.


3) Se secuestra y se desaparece cotidianamente a personas, a quienes, como agregado macabro, se les tortura. México es uno de los países que ostentan el campeonato mundial de tortura.


4) También es México uno de los principales países violadores de derechos humanos. Esas violaciones tienen por autoría impune y cínica al propio poder formal, el del Estado y el gobierno que lo representa.


II


Es un hecho objetivo y factualmente establecido y discernido que aquí existen grupos sociales y gremiales vulnerables en mayor o menor grado. El grupo social más victimizado es el de los descendientes directos de los antiguos pobladores de México.


Sin duda. Los llamados indígenas sufren discriminación de toda laya y clase y tipo. Son despojados de sus bienes comunales y apropiados bajo régimen privado por particulares. Se les niega acceso a la educación y al mercado laboral.


Además, se les encarcela no por la comisión premeditada, alevosa o ventajosa de delitos, sino por no hablar o entender la lengua castellana ni mucho menos las leyes tanto federales como locales.


Se les persigue socialmente. Se les acosa culturalmente. Les impedimos mediante socaliñas perversas ejercer sus derechos constitucionales como mexicanos. Les impedimos en la práctica la vigencia de sus instituciones ancestrales, de probadísima eficacia.


Tan terrible vulneración de este grupo social asaz importante --conforma entre el diez y el 15 por ciento del total de la población de México-- se agudiza cuando se trata de la mujer indígena, sometida por un sistema todavía colonial y el machismo.


El sistema colonial es, desde luego, acusadamente machista, a lo que sumaríase el machismo identitario en las comunidades indígenas, no distintas de las sociedades como la nuestra, en donde la dominación de género tiene por constante la violencia.


El machismo es un fenómeno muy complejo de dificilísima erradicación y exhibe peculiaridades conturbadoras: a mayor inseguridad en la psique masculina colectiva, mayores son las manifestaciones de afirmación y reafirmación de género.


III


Un grupo gremial muy vulnerable es el de los periodistas, definidos éstos como aquellos que difunden hechos y sucedidos e ideas y opiniones, independientemente de su condición laboral. Su ejercicio difusor implica peligros graves.


México es el paìs que ocupa el primer lugar en el mundo con el mayor número de periodistas asesinados o desaparecidos, habiendo desplazado de ese sitial a Colombia. Empero, le supera Irak, pero en ese país se libra una guerra.


Esa guerra --no huelga mencionarlo a la pasada-- fue detonada por una ilegal invasión extranjera encabezada por las fuerzas armadas de Estados Unidos y la ocupación subsiguiente. Es una típica guerra de agresión y rapiña: control del petróleo iraquí.
Ese episodio --la invasión militar y la ocupación secuencial-- han detonado una guerra que escapa a la definición convencional de brutalidad, pues es una de resistencia al invasor y, a la vez, entre facciones religiosas y étnicas.


Pero en México el contexto es, por lo menos en el discurso político, de paz, aunque ciertos indecisos nos describen, no sin eloocuencia, que en realidad vivimos un conflicto civil con manifestaciones aberrantes de violencia.


Ese conflicto civil --equivalente moral a una guerra-- que estruja a la sociedad mexicana presenta aspectos de gran peligrosidad: el vacío de autoridad real, el corto alcance normativo y coactivo del poder y la erosión de la credibilidad política de éste.


En un entorno socioeconómico y sociopolítico como el descrito, la mujer en México es exaltada una vez más como icono cultural y colocada en un elevado pedestal de hipocresía para mediatizar sus afanes liberacionistas.


Glosario:


Socaliñas: Ardid o artificio con que se saca a uno lo que no está obligado a dar.


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Calumnia y Difamación

Fausto Fernández Ponte


I

Un buen día, allá por 1994, Patrocinio González Garrido, quien era a la sazón secretario del despacho de Gobernación del Presidente Carlos Salinas, invitó a este escribidor y un par de columnistas más a conversar con él en su oficina.


La conversación fue breve y tajante.


--Ustedes calumnian y difaman al Presidente impunemente --regañó--. Y esperan que el Presidente acepte ser calumniado y difamado.


Don Patrocinio dijo que los periodistas allí convocados corríamos el riesgo de ser denunciados y llevados a juicio por calumniar y difamar al ciudadano Salinas. Ningún juez fallará contra el Presidente, advirtió.


Este escribidor le respondió, palabras más, palabras menos, que el mundo vería mal que el hombre más poderoso de México llevare a juicio a unos periodistas. El mundo --se le dijo-- se pondría del lado de los débiles, o sean esos periodistas.


--Ya veremos --fue la respuesta de don Patrocinio, quien nos dio la espalda, dando por concluida la conversaión. El juicio, desde luego, jamás se realizó, lo que indicaría que era sólo una bravucanada del citado funcionario.


En el ejercicio de su profesión de periodista, este escribidor ha sido llevado a los tribunales acusado de calumniar o difamar a otros tantos funcionarios del gobierno federal.


No huelga mencionar que, pese a que esos juicios tuvieron desenlaces desfavorables a los acusadores, causáronle muchos sinsabores para el escribidor, siendo el principal de ellos tener que andar por el laberinto macabro de la impartición de justicia.


II


Andar por ese laberinto es una pesadilla no sólo para el acusado --como este escribidor--, sino también para los propios acusadores, a quienes la búsqueda de reparación de daños por supuestas calumnias y difamaciones fue malograda.


En algunos casos, los acusadores se desistieron, aunque en la mayoría se llegó hasta el final, con fallos ora de improcedencia, ora de desfavor. Pero los procesos respectivos fueron lentos, tortuosos y, a la postre, sin beneficio.


En los casos en que hubo fallo desfavorable a los acusadores, el argumento de los abogados defensores de este escribidor fue el de que la conjugación de los verbos en los textos denunciados no indicaban afirmación calumniosa o difamatoria para nadie.


Y es que, en efecto, el estilo de este escribidor privilegia la conjugación de verbos en tiempos que no dan lugar a afirmación contundente en primera, segunda o tercera personas del singular ni del plural.


Por otra parte, este escribidor usa expresiones tales como 1) al parecer o 2) presuntamente o 3) aparentemente o 4) especúlase que o 5) es el sentir aparente de no pocos, entre muchas otras, que no no son afirmaciones calumniosas o difamatorias.


Los procesos --tanto los desistidos como los improcedentes y los fallados conclusivamente-- coincidieron con un entorno inédito en el ejercicio de la libertad de expresión en México, pues eran los años del sexenio de Carlos Salinas de Gortari.


En ese entonces, El Financiero era el único diario crítico de cómo se ejercía el poder político en México y ello causábale irritación al Presidente Salinas, pues dicha política editorial era discordante con la que prevalecía en los demás periódicos.


III


Subráyese que ese periódico --El Financiero, fundado y dirigido por ese entonces por el periodista Rogelio Cárdenas-- fue pionero en ese campo y tal actitud le concitaron a la empresa que lo publicaba y al propio fundador muchos problemas. Pero se mantuvieron.


Y lo hicieron con firmeza. Oficialmente, El Financiero no se leía en el gobierno, pues se le excluía de las síntesis de prensa elaboradas para el propio Presidente y los secretarios de despacho y funcionarios públicos de alta jerarquía.


Hubo, desde luego, represalias por parte del gobierno salinista y, luego, el que presidió Ernesto Zedillo, pero finalmente se logró un modus vivendi: un empresario amigo del señor Zedillo, Alfonso Romo, compró el periódico y se deshizo de los críticos.


Y los críticos --incluido este escribidor-- salieron del periódico. Este modificó radicalmente su política editorial y la publicación perdió su bien ganado nicho de mercado de leyentes. Pero su contribución pionera fue asaz importante.


Dado ese contexto, las acusaciones formales --judiciales-- de calumnia y difamación se multiplicaron, como si hubiere la consigna tangencial, pero real, de hacerles morder el polvo a los periodistas críticos del gobierno en en las páginas de ese diario.


Tráese este asunto a colación porque el Senado de la República ha resuelto avalar la despenalización de la calumnia y la difamación en medios difusores impresos o del espectro radioeléctrico (o hertzianos) o por la Internet. Ese es un paso trascendente.


Y es que, no obstante que las leyes mexicanas incluyen las figuras de la reparación del daño moral o rectificación pública de lo afirmado en un medio difusor, la penalización de los llamados delitos de prensa son una espada de Damocles.


Así es. Esa espera pende ominosamente sobre las cabezas de los periodistas, listas para caer y sobre éstos y decapitarlos; es decir, acallando voces críticas de cómo se ejerce el poder político en México. Ese ejercicio del poder es caprichoso e irracional.


Glosario:


Tangencial: Dícese de una idea, cuestión, problema, etc, que sólo parcial y no significativamente se refiere a una cosa.



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Clandestinaje

Fausto Fernández Ponte




I

En los cenáculos de los personeros del poder real en México adviértese, subyacente y a veces no tanto, cierta aprensión con respecto a la solidez del statu quo de clase y de intereses.


Dicho de otro arreo, caro leyente, lo que temen esos personeros del poder real y, desde luego, sus operadores --que incluyen al propio Presidente de la República-- es que el pueblo se levante contra ellos.


Ello les enchina el cuero a esos hombres --en su inmensa mayoría-- y mujeres que conforman ese poder real, el del dinero, y sus operadores y sus facilitadores en el poder formal, el del Estado.


¿Levantamiento? Pues, de hecho, ya está ocurriendo. El pueblo, a la luz de ciertas manifestaciones concretas de descontento, irritación y protesta, ya se ha alzado. Hay un alzamiento generalizado.


Ese temor de quienes se ven a sí mismos como dueños de México --no más de 500, asociados muchos de ellos a intereses trasnacionales de Estados Unidos y España-- es que surja una guerrilla.


Bien. El pueblo está levantado --"son los renegados", dícese en esos cenáculos-- y lo expresa de muchos estilos, formas y modalidades, pero ese pueblo no se ha manifestado como guerrilla.


Pero hay guerrillas en México. Guerrillas activas, añadiríase sin incurrir en hipérbole subjetiva. Regístrase una actividad clandestina de oposición cívica y de gestión y defensa popular que está armada.


II


Estas reflexiones nos conducen a las campañas de las Fuerzas Armadas de México contra los cárteles del tráfico ilícito de Estupefacientes y Sustancias Psicotrópicas o narcotráfico.


El empeño del Presidente Felipe Calderón --considerado espurio por millones de sus compatriotas-- de dirigir la campaña militar aquí descrita tiene varios objetivos, incluyendo el mediático.


Ese objetivo es, sin duda, de importancia suma en la agenda de don Felipe, pues se ha convertido en obsesión y, ergo, en alta prioridad, que le reconozca representatividad que no obtuvo en las urnas.


Y es que el Presidente Calderón se sabe débil, espurio y sin representatividad social ni política, aunque haya sido investido de legitimidad jurídica. Pero ésta es sospechosa y cuestionada.


Ese objetivo, si bien es, como se dijo, de prioridad que supondríase estratégica, es superada por otra de mayor interés táctico de las Fuerzas Armadas: localización y destrucción de grupos armados.


O, concretamente, de grupos guerrilleros, pues, acerca de cuyo número y radio de acción geográfica y social --urbana, suburbana, rural y semirural-- el propio Ejército tiene información discrepante.


Esa información discrepante es, por añadidura, inexacta, incompleta y en no pocos casos falsa y obtenida mediante metodologías no muy rigurosas y acopiada sin el atributo de lo fidedigno.


III


Y si eso ocurre en las Fuerzas Armadas en materia de inteligencia, imagínese el leyente la pobre calidad de lo que tienen en su haber las instancias civiles de inteligencia y análisis de lo mismo.


Señálese que ha sido el Ejército el que le ha dado seguimiento sostenido, aunque de baja calidad, a la actividad guerrillera en México. Sábese allí que son de 14 a 23 grupos guerrilleros en México.


Los sedicentes dueños de México --los hombres y las mujeres del poder real-- carecen de una infraestructura de inteligencia para discernir objetivamente el activismo guerrillero, pero intuyen.


Y esa intuición describe una conciencia de que su quehacer depredador --explotar al mexicano y saquear al país sin escrúpulo alguno, empobreciéndonos más y más-- concita resentimientos y odios.


Y los resentimientos y los odios colectivos constituyen,


históricamente, fuerzas motivacionales poderosas de los afanes reivindicatorios y justicieros de carácter social y/o popular.


El objetivo de localizar y destruir grupos guerrilleros reales, imaginados, supuestos o potenciales sitúa a las Fuerzas Armadas en una posición incómoda e históricamente inevitable: reprimir al pueblo.


Mas no sólo es el clandestinaje guerrillero --por definición, de izquierda, por su vena reivindicatoria y revolucionaria--, sino también otro, muy corrosivo: el de la extrema derecha.


Así es. De ello habla el escritor Carlos Montemayor en sus Obras Reunidas, publicadas por el Fondo de Cultura Económica y que fueron presentadas en la Feria del Libro el sábado 3 pretérito.


Ese clandestinaje de derecha extrema es fomentado por el gran empresariado, organizaciones militantes como El Yunque, la propia iglesia católica e incluso ciertos consorcios trasnacionales de EU.


Glosario:

Sedicente: Se aplica irónicamente a la persona que se dá a sí misma tal o cual nombre, sin convenirle el título o condición que se le atribuye.

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Más Truculencias Jarochas

Fausto Fernández Ponte




I

En este mismo espacio periodístico se trató el sábado pretérito el tema de la persecución desatada por el gobierno del estado de Veracruz en agravio del periodista Martín Serrano Herrera.


Y tratóse, en igual vena, aquí mismo cómo este periodista --a quien identificamos como un hombre valiente-- se ha defendido acudiendo a las instancias procuradoras e impartidoras de justicia.


Este periodista, propietario y director del Diario Tribuna, de Xalapa, Ver., es víctima de un abuso sistemático, incensante, del poder formal en Veracruz, habiendo sufrido lo indecible.


Así es. Un gobernador, Miguel Alemán Velazco, dispuso el secuestro --robo, si tipificamos el delito-- de toda la maquinaria de su planta industrial. La prensa rotativa, de una tonelada de peso, fue robada.


Y no sólo eso. En el robo, se destruyó el bien raíz en donde estaba la planta industrial. Y , como añadidura al despojo ilegal, el señor Serrano ha sido golpeado salvajemente, vejado, amenazado y acosado.


También ha sido víctima del tortuguismo, la simulación y los engaños para fines de encubrimiento realizados por disposición del sucesor del señor Alemán, el gobernador actual, Fidel Herrera Beltrán.


La complicidad activa del actual mandatario estatal se explica por los compromisos con su predecesor y porque el colega Serrano es crítico cómo el gobernador Herrera ejerce el poder mandatado.


Ese ejercicio del poder es frívolo y ostensiblemente corrupto --particularmente en las licitaciones de obra pública y en el desvío de recursos públicos para financiar el diario oficioso El Golfo.Com--.


II


Como agregado, ese ejercicio del poder parece dominado por las fuerzas de la cultura de la simulación y el engaño y la proclividad irreprimible del propio gobernante a la mitomanía y la demagogia.


Dado ese ejercicio del poder, las críticas del periodista Serrano concitan iras en el gobierno, por lo que sigue siendo víctima de amenazas, intimidaciones y advertencias de los personeros del poder.


Sin duda. Es frecuente la sustracción inexplicable de los expedientes judiciales de su caso y los mensajes ominosos del procurador estatal y magistrados del Tribunal Superior de Justicia.


Y es frecuente, asimismo, que se cometan actos vandálicos a bienes raices e instalaciones del periódico --que continúa publicándose-- y acoso y vigilancia constante.


En el contexto de esa persecución del gobierno del estado --cuando lo encabezaba el señor Alemán (1998-2004)-- en agravio del periodista Serrano, ocurrieron dos muertes asaz enigmáticas:


Una, la de Santa Bibiana Díaz Vázquez, fallecida en un accidente en una motocicleta en Xalapa, Ver., sucedido en diciembre de 2001, el cual, sospéchase, parece acusar indicios de haber sido provocado.


Y, otra, la de Manuel Acevedo Olguín, quien recibió en enero de 2004 un balazo en la nuca en circunstancias que dan lugar a presunción suspicaz y atizan la fogarata de la especulación, diríase, fundada.


La percepción general de no pocos, pero informados acerca de la persecución alemanista al colega Serrano, es la de que esas desapariciones fueron eufemísticamente muertes de Estado.


III


O muertes del gobierno del Estado, cuyos personeros más representativos y, por ello, de la más alta investidura, son responsables presuntos ante la ley de la comisión de ilícitos.


Ambas personas tenían un denominador común: el colega Serrano. O, por decirlo de modo más preciso, de estar involucrados, por imperativos de las circunstancias laborales, en este asunto.


Santa Bibiana --joven, de unos 26 o 27 años de edad, atractiva-- era agente de servicios periciales de la Procuraduría de Justicia de Veracruz e hizo la inspección ocular del sitio de donde hubo el robo.


Era, pues, testigo incómodo que confirmaba la denuncia contra el gobernador Alemán que había presentado en esa Procuraduría el periodista Serrano. El resultado de su inspección era demoledor.


En efecto. Daba fe Santa Bibiana de la actuación ilegal del gobierno, entendida ésta como un patrón de comportamiento represor del titular del Poder Ejecutivo local, el ya muy aludido señor Alemán.


Este represor, dado a vanidades y caprichos --en cierta ocasión ordenó que su avión regresara del Distrito Federal a Xalapa a recoger un zapato-- se dice hoy "político, escritor y periodista". ¡El colmo!


Las truculencias en Veracruz no son registradas por los medios de difusión locales, salvo excepciones notorias. ¿La razón? El maiceo fidelista a columnistas y dueños de los medios difusores es constante.


Acerca de la muerte de Acevedo Olguín, sábese que, si bien no era funcionario público, sí había desarrollado una carrera de facilitador de cosas tangibles e intangibles. Y sabía mucho. Tal vez demasiado.


Glosario:

Demagogia: Halago de la plebe para hacerla instrumento de la propia ambición política.

Maiceo: del verbo maicear: alimentar con maíz a los animales. Por inferencia metafórica dar dinero o prebendas a alguien a cambio de su complicidad o voluntad o como premio.

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Panal de Abejas

Fausto Fernández Ponte




I


El otro día, por la radio se trasmitió una entrevista a Jorge Chabat, especialista en el tema del tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas y quien usó una metáfora demoledora.


Dijo don Jorge que "atacar al narco es como atacar un panal de abejas. Entonces, cuando uno ataca a las abejas pues uno se prepara primero, ¿no? Y se pone uno un traje especial".


La metáfora de nuestro personaje tenía tela de donde cortar: "En cambio, da la impresión de que Vicente Fox llegó (a la Presidencia de la República) y le pegó al panal de abejas".


Comentó que el Presidente Fox "no estaba preparado para lidiar con las consecuencias que ésto iba a generar y de repente se desatan unas ciertas respuestas que su gobierno simplemente no pudo controlar".


En esa misma estación de radio se trasmitió una entrevista con Luis Alejandro Astorga, otro especialista en el tema del narcotráfico, quien, complementando al señor Chabat, dijo:


"Yo creo que la manera correcta (de combatir el narcotráfico) es modificar el esquema en el que está basada la lucha antidrogas, pero, bueno, eso no se va a dar en el corto plazo...


"El incremento de la violencia, independientemente del tipo de estrategias, mientras no se modifiquen las bases en los que está sentada esta política vamos a seguir viendo efectos cada vez peores".


II


El sentir y el parecer de don Jorge y don Luis, si bien fueron manifestados con lucidez y obvio conocimiento de causa, el formato radiofónico fue impedimento para profundizar en el tema.


Y si a ello súmase la superficialidad de las preguntas del entrevistador --Carlos Loret de Mola, nieto de un gran periodista del mismo nombre, ya fallecido--, el tema no fue agotado.


Empero, ambos entrevistados coincidieron en que el problema del narcotráfico es asaz complejo y que enfrentarlo y, desde luego, superarlo, demanda algo más que operaciones militares espectaculares.


Esa es la percepción general de no pocos mexicanos. El Presidente Felipe Calderón --a quien millones de sus coetaneos consideran espurio-- está atacando el avispero sin las precauciones apropiadas.


Y, como añadidura, prevalece la percepoción de que ese ataque al panal se realiza a gritos y sombrerazos: Es decir, con desplantes de clara intención mediática, para fortalecer la imagen presidencial.


Esas precauciones no se refieren únicamente a la seguridad personal del Presidente de la República y los secretarios de despacho de la Defensa Nacional y la Marina Armada. No. Trátase de otra cosa.


Así es. Trátase de que los cárteles del narcotráfico no pueden ser combatidos sólo en el frente militar y con acciones diseñadas desde la perspectiva de las fuerzas armadas, sino mediante la política.


III


Cierto. Mediante la política se reorientaría las potestades coactivas del Estado y modificaría las de carácter normativo para diseñar y aplicar políticas inspiradas en la lógica del estadista.


Pero don Felipe no nos ha dado muestras de ninguna clase de poseer el atributo lato y nodal del estadista, sino lo opuesto: se nos ha mostrado como rehén de intereses ideológicos, políticos y económicos.


Ese verdor de don Felipe le impide dominarse a sí mismo --primerísima virtud de un estadista verdadero-- y actuar con congruencia, atributo este último aún más raro en un hombre de Estado.


Por ello, este Presidente jamás someterá los cárteles ni mucho menos eliminarlos, pues éstos representan hilos muy largos en el tejido sociocultural, socioeconómico y sociopolítico de México.


Tampoco podrá don Felipe imponer al Estado mexicano como un eje regidor y equilibrante del execrable quehacer de los cárteles en el contexto jurídico y político actual.


Tampoco trátase de acudir a la fórmula de establecer un régimen draconiano --que, en los hechos, ya existe, con las extradiciones-- que conculque las garantías individuales, como en Estados Unidos.


Visto dialécticamente, la única forma de combatir y destruir a los cárteles es socavando los aspectos educativos y jurìdicos del tráfico de drogas. Aacar con el consumo y, luego, con la red del abasto.


Glosario:


Lato: Dilatado, extendido. Aplícase al sentido que por extensión se dá a las palabras, sin que exacta o rigurosamente les corresponda.

Nodal: Central, Fijo.

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